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Samadhi

Por Consuelo Ordaz


“Una vez más se detiene el tiempo,

no transcurren los segundos.

El espacio se presenta omnipotente,

entre el y yo no existe separación.


Divino y sagrado momento

en donde me quedo sin aliento

mi cuerpo material muere lentamente

para dar paso a lo bello de lo eterno.


La experiencia la guardo en mi corazón,

en donde está mi baúl de tesoros preciados,

una a una como tatuajes se graban en mi alma,

y dejan huella que me recuerdan siempre el instante en que las viví.


Y el momento pasa,

pero el sabor de la experiencia perdura por siempre,

y mi ser sabe que es ahí donde pertenece,

pues es justo en esos momentos que recuerda de dónde viene”.



“Porqué eres tan feliz?”. “Tú no sabes de dolor y sufrimiento, seguro tienes una vida perfecta”. “Es que yo sí tengo problemas”.


Y podríamos seguir eternamente, son juicios limitados que a veces escucho como comentarios, o críticas inclusive, en donde en el fondo, si observo de quien viene, veo sufrimiento y unas ganas de salir a la superficie vicotrioso, victoriosa, pero no se dan cuenta que al hacer esos juicios, lejos de encontrar una salida, solo se hunden más profundo en el huracán de su desdicha, pues las comparaciones nos llevan a lo externo, y la felicidad no está ahi, está en lo interno.


Lo que quiero decirte con esto es que todos, absolutamente todos tenemos tristezas, problemas, dolor y sufrimiento, momentos en los que tocamos fondo, la diferencia consiste en que yo elijo conscientemente no permitir que me determinen, desde la plena conciencia rexonozco que existen, pero no son yo.


Trabajo cada día en el poder de la concentración, de la meditación, en donde lo material se desvanece, y queda solo la esencia, en donde no importa si tengo problemas, no les doy el poder de quitarme mi felicidad. En vivir en agradecimiento, para que si no tengo algo que quiero, pueda ver todo lo que sí tengo. Trabajo con el dolor, para no darle importancia a zonas de mi cuerpo que no sienten, otras que duelen, e inclusive las que, al mínimo roce de piel, las siento como lumbre que queman mi cuerpo.


Y es a través de la práctica de yoga, que me ayuda a estar más presente, que me permito observar y disfrutar todo lo bello que hay frente a mí y que con la mirada cotidiana no podría ver. Es permitirme ver un atardecer, contemplar un paisaje o una flor, disfrutar la risa de los niños, saborear la compañía de mis seres queridos, reírme a carcajadas, tomarme lentamente una taza de té, regalarme estar en plena conciencia y hacer de esos momentos oportunidades para elevar mi espíritu, hacerlos momentos perfectos, haciéndome una con ellos, en donde no necesito nada más ni a nadie más, en perfecta contemplación, unión y Samadhi. Y los hago míos, los guardo en mi corazón, como tatuajes, uno a uno se quedan grabados, sumando a esta experiencia que llamo vida.


Por eso, cuando pienso en si soy feliz, cierro mis ojos, veo cómo se prenden en mi Ser todos esos momentos, y cómo no sentirme bendecida?


Así que sí, soy muy feliz, y tú también puedes serlo, si tu realmente lo quieres.


Namaste,


Consuelo Ordaz


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