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Fuerza

Por Consuelo Ordaz



“Hay algo dentro de mí

que me permite seguir,

que me permite cambiar,

que me permite lograr lo que me propongo,

y eso es la fuerza”.



Constantemente hablamos de la fuerza, ya sea en el plano físico, o en el emocional, nos decimos una y otra vez que tenemos que ser fuertes, aguantar, sobrellevar, pero, en verdad entendemos qué es la fuerza? De dónde viene? Cómo usarla a nuestro favor? Permíteme explicarte un poco a grandes razgos.


Por definición, la fuerza es todo agente capaz de modificar la cantidad de movimiento o la forma de los materiales. En el campo de la física, la fuerza es una magnitud vecrorial, y es toda causa capaz de cambiar el estado de reposo o de movimiento de un cuerpo. Básicamente la fuerza es aquello que nos permite movernos, dejar de movernos, o movernos diferente.


Es la capacidad para realizar un trabajo físico o un movimiento, y la potencia o esfuerzo para sostener un cuerpo o resistir un empuje. Es el motor del movimiento, aquello que nos permite resistir, aguantar, no caernos ante las fuerzas que a veces parecen empujarnos hacia abajo, es lo que nos permite mantenernos en pie y con la cabeza erguida.


Los efectos de ejercer una fuerza pueden ser: que un cuerpo se deforme, que un cuerpo permanezca en reposo, y que cambie su estado de movimiento. Entender esto para mí es básico, pues me da la oportunidad de comprender que si quiero cambiar física, energética o emocionalmente (que un cuerpo se deforme) necesito de la fuerza; que si quiero mantenerme en calma, estática, en estado zen (que un cuerpo permanezca en reposo) necesito de la fuerza; y que si quiero dejar de hacer algo o comenzar a hacer algo (cambiar el estado de movimiento) también necesito de la fuerza. Las cosas no llegan gratis, requieren de mí.


En toda fuerza hay que tener en cuenta diferentes rasgos: el punto de aplicación, la dirección, el sentido y la intensidad. Si me doy el tiempo de entender esto y analizarlo, me permito ser más eficiente con mi fuerza, pues dirijo mis esfuerzos únicamente a lo que necesito, empleando solo la energía que necesito, para no desperdiciarla en lo que no vale la pena o está de más.


Te cuento todo esto porque desde mi experiencia, puedo decirte que me hice fuerte el día que entendí que la fuerza estaba dentro de mí, que si quería lograr algo debía moverme, o a veces dejar de moverme, y que si enfocaba mis esfuerzos podía lograr todo lo que me propusiera.


La fuerza interior no la voy a encontrar en el exterior, mi fuerza depende de mí, y mi fuerza ejerce efectos en el exterior que repercuten como olas infinitas hacia el espacio de lo infinito. Los cambios los hago yo. No le tengo miedo a la debilidad, pues solo es la ausencia de fuerza, y sé que ser fuerte depende de mí. Y no quiero que creas que te digo que ser fuerte es fácil, pero es lo que se requiere.


Te deseo fuerza, toda la que tú quieras.


Namaste,


Consuelo Ordaz


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