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Shakti

por Raquel Mello



Este blog está dedicado a todas las mujeres. A todas las mujeres en este día, en este mes, en este año... en esta vida. Por qué no nos honramos siempre, por que no nos celebramos toda la vida? Sin esperar a que los demás nos reconozcan o celebren, amen o respeten, hagámoslo nosotras mismas. Con total auto-responsabilidad otorguémonos lo necesario para ser felices y libres.


Para empezar, detectemos algunas formas de violencia. Observa, en ecuanimidad, si alguna o algunas de estas formas han llegado a tu vida, concretamente de parte de los hombres, como menciona la psicóloga Fabiola Anaya.


Pasivo-agresivo. Son los más peligrosos porque no son fácilmente identificables. Te violenta por miedo, para sentirse grande y poderoso.

1. Te minimiza, te ridiculiza, cuestiona tus emociones. A través de la manipulación debilita tu autoestima y poder, haciéndote dudar de tí misma. Mienten y te hacen creer que ellos tienen la razón y que tú estás mal, inclusive hasta creerte loca.

2. Te controla. Sutilmente te controla tu ropa, tus amistades, tu trabajo, tu tiempo. Te aísla para mantenerte vulnerable. Disfraza el control con amor convenciéndote de que él sabe qué es lo mejor para ti. Te hacen creer que no sirves sino para estar en la casa.

3. Te ignora, te condiciona y critica. Te hace la ley del hielo, te condiciona su “amor”, atención y premios, formando una relación tóxica y co dependendiente. Te critica, corrige y juzga con dolo aún frente a los demás.

4. Violencia económica y material. Te controla el dinero, te saca cuentas y no quiere que trabajes para que te vuelvas dependiente de él. Si te lo mereces, te compra cosas pero no las pone a tu nombre. Te roba, esconde o desaparece tus cosas. Compra tu amor pero luego te lo cobra.

Violencia Física-sexual

1. En una discusión invade tu espacio, te grita y amenaza. Te sigue a escondidas. Comienza con empujones y te agarra, abusa de su fuerza física. Tiene relaciones sexuales contigo cuando él quiere, porque si no, se enoja. Llega a violarte y a lastimarte brutalmente.

2. Está convencido de que sólo él tiene derecho a vivir su vida como le plazca, incluso con otras mujeres. Hay celotipia.


Pero tengo una forma de aliviar tu conciencia y tus emociones. Es la mágica triada de las 3 C. Yo no lo Causé. No lo puedo Controlar. No lo puedo Curar. De esta forma, comprendemos en el otro, la enfermedad de la violencia y podemos separar al enfermo de la enfermedad, que no tiene nada que ver contigo. Así, no caes en su juego de chantaje y manipulación. Tal vez es comprensible por su historia familiar, dolor ancestral y cultural. Pero nunca, nunca, justificable. Además, violencia no se apaga con violencia.


Por otro lado, te hago la invitación a hacer un examen de conciencia hacia la toma de responsabilidad. Sin juicio, relee en primera persona, cada uno de los puntos expuestos con anterioridad. Y pregúntate a ti misma, mujer, si has incurrido en alguno o algunos de estos puntos de violencia ya sea contra ti, contra otra mujer u otro hombre, un menor de edad, anciano o enfermo. A los animales o naturaleza. Tal vez con un simple pensamiento...


Tú misma, querida mujer, ¿en qué formas te violentas?, ¿en qué momentos no te has amado lo suficiente?, ¿cuáles son tus maneras favoritas de culparte, minimizarte y engañarte?

Hacia otras mujeres ¿cuántas veces has sentido envidia “de la buena”?, ¿cuáles son tus frases frívolas de doble sentido para encajarles la lanza por la espalda?, ¿de qué formas les has metido el pie, criticado y pisado para que no sobresalgan por tus inseguridades?

Hacia los hombres, ¿cuáles son tus formas predilectas de victimización?, ¿utilizas el sexo como arma?, ¿de qué maneras abusas psicológicamente de ellos?, ¿cómo los provocas y los retas emocional y físicamente?


¿Qué ocurre? Pensabas que es fácil dejar toda la responsabilidad a los hombres? Fíjate si no, algunas veces eres provocadora y manipuladora para luego victimizarte, convirtiéndote en victimaria. Así obtienes ganancias secundarias o recompensas secretas, formando relaciones tóxicas, que se vuelven insoportables. Quizás no te atreves a poner límites y a hacerte valer, siendo permisiva.

Pero hasta cuándo, ¿hasta cuándo seguirás provocando, victimizándote y permitiendo? Basta ya de permitir lo impermisible. Basta ya de vivir y actuar desde el miedo y pasemos a la luz del amor. Sin miedo, con amor, hacia la vida. Recuerda que somos espejo, y trabajando internamente desde el amor, como efecto mariposa, llegará a todos los seres.


Vámonos asimismo a las causas últimas del tema. Si observamos en manos de quiénes está la educación, sí, de ambos padres. Pero principalmente de las madres, de las mujeres, continuando con la red ancestral del machismo y el matriarcado. Se trata de buscar que el hombre sea más hombre, y que la mujer sea más mujer, más femenina. No de buscar los derechos del otro, sino los derechos naturales de cada uno. La aceptación. No queremos igualdad, sino autenticidad! De esta forma, encontraremos una reconciliación en nuestro propio sexo, en nuestra esencia femenina, así como en la masculina. Y lo mismo para el sexo opuesto. Generando por fin unión en energía Shiva-Shakti. Padre-Madre. Buscando la disolución. La liberación. Liberación de la identificación del sexo, como obstáculo de la mente, que lleva al sufrimiento. Porque finalmente, el sexo no existe, sólo somos en esencia. Solo somos en alma.

SÓLO SOMOS.



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