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Satya

Raquel Mello


Busco la verdadera esencia. 

Busco la verdadera naturaleza. 

Lo inmutable, lo que va más allá del tiempo el espacio y la persona. 


Medito en la verdad y la realidad. 

Medito en el espacio, la quietud y la calma verdadera. 

Me libero de las emociones y situaciones volátiles y absurdas. 


Aparto los velos del miedo y la ignorancia. 

Aparto los velos del ego y la identificación. 

Encuentro mi verdadero ser, mi alma. 


Mi tapete de yoga no me deja mentir. 

Mi respiración es mi guía. 

Soy honesta y compasiva en mi práctica de yoga y en mi vida.


Observo la verdadera intención de mis actos. 

Soy honesta y compasiva con los demás. 

Genero confianza en mis relaciones. 


Oh Poder Superior 

Guíame de lo irreal a lo real. 

De la obscuridad (ignorancia) 

a la luz (conocimiento). 

De la muerte a la inmortalidad. 


Cuando a mis clases de yoga entra por primera vez un alumno nuevo, recuerdo cuando yo llegué sin tapete, desorientada, sorda y ciega. 

Pero eso sí, era yo muy "fit" ya que yo hacía pesas, y soy flexible. Recuerdo que una maestra me decía "la chica de hule". 


Poco a poco fui evolucionando mi práctica durante mi primer Certificación de Yoga. Pero la verdad es que seguía yo bastante ignorante,

identificada en mis pensamientos, dependiente de mis emociones y cegada por el ego. 


Fui a tomar clase con una maestra, quien nos puso unos cinco saludos al sol y después una que otra postura... y en seguida... un Split (Hanumanasana). Era obvio que mi cuerpo no estaba lo suficientemente preparado para hacerlo de una manera sana. Pero claro, como yo era la chica de hule, mi split se deslizó como si nada. 


El resultado de mi acción dirigida por el ego, sin haberme detenido un momento a respirar, por haberme identificado con la etiqueta de "la chica de hule", por mi ignorancia de que la maestra no nos preparó lo suficiente para esta postura; fue una lesión en el isquiotibial derecho por un año. 


Todavía a veces los vestigios de esta lesión me recuerdan que debo de ser honesta y compasiva conmigo y con mis alumnos al preparar y dar mis clases y mis terapias. Satya y Ahimsa. 


Por ejemplo, en mis terapias del lenguaje, cuando hablo del diagnóstico de un alumno con sus padres, cuido mucho que mis palabras sean

claras, honestas y muy amorosas. 


A través de esta experiencia, así como de muchas otras, he aprendido a hacerme responsable de mis acciones. A lo largo de mi proceso de transformación, he trabajado en ir quitando los velos que me ciegan y me ensordecen de la realidad. 


La estabilidad de la verdad, elimina las fluctuaciones en mi mente y me genera calma verdadera. 





Cuando crezco, mi práctica crece.

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